En un mundo de recogimiento y contemplación que rodea la vida conventual, la voz femenina trascendió sus muros por medio de mujeres quienes mediante su pluma plasmaron sus pensamientos, inquietudes y opiniones respecto al mundo que las rodeaba. En el caso de la Orden de Predicadores, hubo religiosas que no solo destacan por su devoción, sino por una serie de atributos que las hacen únicas en la historia de la Iglesia y la cultura occidental.
En este Día de la Mujer, queremos relevar la figura de Santa Catalina de Siena (1347-1380), la cual representa la cumbre del intelecto femenino dentro de la Orden de Predicadores. Es una de las figuras más fascinantes de la historia medieval, capaz de unir la mística profunda con una acción política audaz.
Nacida como Caterina Benincasa en una numerosa familia de artesanos en Siena, Italia, su vida estuvo marcada por una temprana determinación. A los 16 años se unió a las Mantellate, una rama laica de los dominicos que le permitía vestir el hábito blanco y negro pero vivir en su hogar. Fue allí, en el silencio de su habitación, donde comenzó una vida de estudio y mística que pronto se desbordaría hacia las calles y las cortes de Europa.
Las características principales de la vida de Santa Catalina de Siena se resumen en los siguientes puntos:
La Doctora de la Iglesia: Fue una de las primeras mujeres en recibir este título (en 1970). Aunque aprendió a escribir tardíamente, dictó cientos de cartas a papas, reyes y ciudadanos comunes, además de su obra cumbre: El Diálogo de la Divina Providencia (1797)
Influencia Política: Se convirtió en una embajadora de paz en una Italia dividida por guerras civiles.
Mística y Estigmas: Su vida estuvo marcada por experiencias espirituales intensas y un compromiso radical con los pobres y los enfermos de peste.
En nuestra biblioteca resguardamos obras en distintos idiomas que narran la vida y virtudes de Catalina, las cuales son un patrimonio valioso para el estudio de su legado. Te invitamos a conocerlas en la siguiente galería.